Indicador de calidad biológica y de gestión en el ciervo

Jerónimo Torres y Juan Carranza

La época de la berrea, que tiene lugar entre este mes y octubre, es conocida por todos nosotros y la mayoría hemos oído alguna vez el singular sonido que emiten los machos en celo, pudiendo ver con algo más de suerte y paciencia los comportamientos que desarrollan, tanto machos como hembras. Pero, ¿conocemos realmente el porqué de este sonido?, ¿la elección de esta época tras el seco y caluroso verano?, ¿los factores que influyen en el celo?, ¿las consecuencias de las alteraciones de este periodo?... En este artículo tratamos estos aspectos claves de la biología del ciervo que nos pueden servir para comprender mejor una época tan importante para el normal desarrollo de sus poblaciones.


El esfuerzo (berrea, luchas, mantenimiento de harenes) conlleva una pérdida de peso, mayor en los machos de edades medias, a lo que también contribuye el hecho de que estos machos inicien antes su comportamiento de celo y que, además, reduzcan voluntariamente (controlado por las hormonas sexuales) su tasa de ingestión de alimento durante la berrea. © V. Guisande.

El ciervo posee un sistema de apareamiento poligínico en el que un macho puede reproducirse con muchas hembras. Al igual que en otras especies con sistemas de apareamiento poligínico, la selección sexual en los ciervos ha dado lugar a un dimorfismo sexual en el que los machos son mayores que las hembras, desarrollan unas cuernas de considerable tamaño y realizan determinados comportamientos sexuales entre los que se incluyen las vocalizaciones típicas del celo o berrea. Todo esto es debido a que mientras el éxito reproductivo de las hembras depende de conseguir criar de forma exitosa a su descendencia —siendo las etapas clave la gestación y la lactancia—, en los machos depende de las luchas con otros machos por acceder a las hembras durante el corto período de celo. Por lo tanto, la berrea es la época clave en la vida de los machos. Los machos necesitan imponerse a sus rivales por la fuerza, por lo que invertirán todos sus recursos en crecer rápido.

En la Península Ibérica el mayor éxito reproductivo lo consiguen los machos entre los cinco y los nueve años, lo que coincide con su máximo desarrollo, siendo los ejemplares de estas edades los que normalmente poseen un harén, mientras que los jóvenes y los senescentes, aunque pueden tomar parte en la reproducción, emplean menos tiempo en las actividades típicas del celo.

El sonido de los machos

Si en un determinado coto hay alteraciones en la presentación y duración de la berrea respecto a lo que sucede en la comarca en que está ubicado, esto puede ser un claro signo de que la gestión de esa finca no es la adecuada. © V. Guisande.

Entre los diferentes comportamientos que despliegan los machos en esta época el más llamativo es, sin duda, el que le da nombre: la berrea. Este sonido es producido mediante la elongación del tracto bucal por medio del descenso de la laringe gracias a unos fuertes músculos y a conexiones elásticas, dando como resultado menores frecuencias del sonido emitido —análogo al proceso que se produce en la pubertad de los varones—, lo que sirve para exagerar la impresión de tamaño causada en sus competidores, aunque al estar limitada esta elongación por el esternón termina siendo una señal fiable del tamaño corporal. Esta posición baja de la laringe sólo la poseen los machos, al igual que sucede en los gamos, mientras en los corzos ningún sexo posee esta característica. Los ciervos producen esta señal principalmente para advertir a sus competidores, y es la tasa de berridos, debido a sus costes energéticos, la que está relacionada con la habilidad de lucha de su emisor, que varía a lo largo del periodo de celo. Pueden emitir desde dos berridos por minuto a lo largo de las 24 horas de un día hasta ocho berridos por minuto durante las disputas con otros machos. Sobre el comportamiento de berrea se han llevado a cabo diversos estudios basados en grabaciones del sonido emitido por ciertos machos, las cuales eran posteriormente reproducidas en el campo.

Quizás el primero de todos fue el llevado a cabo por el Dr. Clutton-Brock en la isla de Rum, en Escocia, y publicado en 1979, en donde se mostraba que la tasa de berridos de un determinado macho en una contienda estaba relacionada con el número de berridos que escuchaba de su posible adversario (altavoz). El macho receptor del sonido intentaba berrear más que su oponente. Además, la tasa media y máxima de emisión de cada uno estaba correlacionada con su éxito en la lucha, por lo que se podría predecir en un combate cuál de los dos machos ganaría en función de su berrea. En otro de estos experimentos, realizados también en Escocia por el Dr. Reby y su equipo, se alteraron mediante ordenador las frecuencias de los sonidos de berrea previamente grabados para simular diferentes tamaños corporales —frecuencias más bajas indican mayor tamaño corporal—. Al reproducirlos en el  campo demostraron que los machos respondían de diferente modo según la frecuencia del adversario. Los machos prestaron más atención, berrearon más y con frecuencias más bajas cuando las grabaciones simulaban a oponentes de mayor tamaño. Este resultado, además, explica otro previamente obtenido en el experimento de Tim Clutton-Brock, en el que observaron que los machos con harén berreaban más frente a grabaciones de machos maduros que cuando se trataba de jóvenes, aún cuando la tasa de berridos era constante, lo que indicaba que existía alguna característica en el sonido perceptible por otros machos que mostraba la edad del emisor. Por lo tanto, pueden variar, además de la tasa, la frecuencia de su berrido, incrementando la longitud del tracto bucal cuando se encuentran frente a contrincantes más amenazadores.


Fue Charles Darwin quien indicó cómo la competencia entre los machos por el éxito reproductivo origina la selección sexual que conduce a trayectorias evolutivas diferentes entre ambos sexos, como sucede en el ciervo. 
© J. David Gómez.

Pero los berridos no sólo influyen en el comportamiento de otros machos, sino también en el de las hembras. Al igual que sucede en otras especies de aves y mamíferos en las que la presencia del macho induce la reproducción en las hembras, la berrea del ciervo puede producir un cierto adelanto en la ovulación de las hembras.

Esto se demostró mediante un experimento en condiciones controladas con ciervas en una granja en Nueva Zelanda, en las que un grupo de ellas se expuso a grabaciones de berridos que eran reproducidos mediante un altavoz. Las ciervas del grupo que escuchó la berrea adelantaron su celo respecto a las de otros grupos control. Por otro lado, si los machos estiman la capacidad de lucha de sus adversarios a través de sus berridos, las hembras podrían beneficiarse de elegir reproducirse con aquellos machos que muestren unas mejores condiciones físicas. Se han realizado experimentos con la finalidad de responder a esta pregunta y se ha sugerido que las hembras prefieren machos con una mayor tasa de emisión de berridos. Las hembras pueden sentirse atraídas por la berrea. De hecho, nosotros observamos en el Parque Nacional de Doñana que en las áreas en que se concentran los machos durante la berrea se ve también un aumento en la cantidad de hembras que se congregan allí durante el celo procedentes de otras zonas.

La hembra calla, pero manda

Cuando observamos la berrea nos parece que los protagonistas son los machos. Esto es debido a que son ellos los que emiten el sonido y son los que llevan a cabo comportamientos muy llamativos como las luchas y todo tipo de agresiones hacia machos rivales, así como actividades visibles correteando alrededor de las hembras como un perro pastor para evitar que se dispersen. Las hembras, por el contrario, parecen no prestar atención a nada, excepto a seguir comiendo con toda tranquilidad. Son ellas, sin embargo, las principales responsables de casi todo lo que está ocurriendo.


Si la época de berrea se altera, por ejemplo por una mala gestión de la finca, se retrasan los nacimientos implicando consecuencias negativas para la población. En concreto, en los machos la fecha y el peso al nacer tienen mucho que ver en sus posibilidades de supervivencia y en el posterior crecimiento de las cuernas. © V. Guisande.

La fenología de la berrea, es decir, el momento del año en que tiene lugar, es al final del periodo estival, cuando las condiciones de alimento son realmente pobres y los machos han tenido que pasar por las dificultades de los duros veranos del sur de Iberia. La berrea ocurre en ese momento debido al interés de las hembras. Ellas ajustan ese período con el objetivo de que cuando tengan mayores necesidades alimenticias, al final de la gestación y principio de la lactancia, se encuentren en el tiempo de mayor disponibilidad de alimento, que en nuestras latitudes es el final de la primavera.

La época de berrea se puede ver alterada por aumentos en la densidad de animales, dando como resultado un retraso en las concepciones que puede tener serias repercusiones sobre el futuro  de esas crías.

 

El retraso en el nacimiento conlleva una menor supervivencia de las crías al disminuir la calidad de la comida cuando las hembras se enfrentan al comienzo de la lactación una vez entrado el verano. Además, las crías tardías pueden reducir la futura fertilidad de las madres, ya que la demanda energética de la lactación impide que consigan alcanzar el suficiente peso y condición física para ovular a tiempo durante la siguiente berrea, por lo que pueden dejar de criar ese año o hacerlo también de modo muy retrasado. El poseer menor peso al nacimiento puede tener influencias permanentes en su éxito reproductivo futuro y en su esperanza de vida. Las hembras que nacen con poco peso posteriormente suelen realizar partos tardíos, produciendo a su vez crías también con poco peso, más expuestas a la mortalidad postnatal. En los machos, la fecha y peso al nacimiento influyen en su supervivencia y en el posterior crecimiento de las cuernas al alcanzar el año, lo que repercute en el éxito reproductivo a lo largo de toda su vida. El crecimiento de los machos durante su primer año ejerce una enorme influencia sobre su desarrollo a lo largo de la vida, de modo que si no ha sido bueno difícilmente podrán recuperar ese desfase que saldrá a relucir de adultos, cuando intenten mantener harenes y reproducirse sin conseguir el éxito esperado.

El celo de las hembras puede sufrir variaciones por diversas causas que tendrán serias repercusiones en la población. La densidad poblacional es uno de los principales factores que influyen tanto en la fenología del celo como en la fecundidad de las hembras. Incrementos de densidad reducen la fecundidad, ya que las hembras no ovulan si no sobrepasan un umbral mínimo de peso y esta disminución es mayor en las hembras jóvenes.

La razón de esta especial sensibilidad de las hembras de un año, o primalas, es que se encuentran aún en periodo de crecimiento, por lo que unas condiciones deficitarias afectan  al conflicto entre crecimiento y reproducción a favor del crecimiento.

Por todo ello, el mantener elevadas densidades para obtener una mayor productividad puede ser contraproducente. Una población que se mantiene a una densidad bien por debajo de la capacidad de carga es mucho más productiva en términos de número de individuos que sobreviven y en grados de desarrollo, especialmente de los machos, por lo que puede ser más rentable, a la vez que más compatible con la conservación, que una densidad elevada.

La berrea, indicador de calidad

La berrea se muestra como un periodo clave en la biología del ciervo que los gestores de los cotos deben tener en consideración, siendo la fecha y duración de ésta un indicativo de las condiciones de las poblaciones. Así, lo normal es que la berrea dure unos 25 días y se centre en el mes de septiembre, aunque  puede variar según las condiciones climáticas de diferentes comarcas. Sin embargo, son más acusadas las variaciones entre fincas debidas a las condiciones particulares de cada una de ellas que las variaciones entre comarcas. Por eso, las anomalías en el celo respecto a los datos generales de la comarca suelen ser un buen reflejo de malas condiciones, y aconsejan realizar una revisión de la gestión para dilucidar las posibles causas.


La berrea no sólo influye en el comportamiento de otros ciervos machos, sino también en el de las hembras, pues puede producir un cierto adelanto en la ovulación de las ciervas. 
© J. David Gómez.

A veces un retraso y alargamiento de la berrea puede deberse a las condiciones especialmente adversas de algún año concreto. Un año de sequía es difícil de prever, y supone una disminución repentina de la capacidad de carga de los terrenos sin dar tiempo a disminuir la densidad, incrementando la competencia por el alimento. Si las alteraciones de la berrea no ocurren sólo en años de sequía, sino de modo más general, es probable que la densidad se encuentre por encima de las posibilidades del coto.

Esta situación se refleja también en otros parámetros medibles, como el impacto sobre el matorral, grado de desarrollo de los animales, proporción de hembras de un año preñadas, etc, datos que el gestor puede cotejar y relacionar entre sí para obtener un diagnóstico de la situación de la población.

Otra causa de alteración de la berrea que a veces pasa desapercibida es el estrés de las ciervas. Éstas necesitan tranquilidad para entrar en celo y aceptar una cópula. Si tenemos oportunidad de observar cópulas de ciervo en el campo, veremos que suelen ir precedidas de varios intentos de monta.

Cuando el macho se coloca con su pecho sobre la grupa de la hembra, basta con que ella avance un pasito adelante para que el macho tenga que bajar al suelo, adelantarse y volver a intentarlo. La hembra puede provocar varios de estos intentos de monta hasta permitir la cópula. En una situación de intranquilidad esta fase puede alargarse e incluso no culminar en cópula.

Si una hembra pierde su ovulación sin aceptar la cópula por falta de tranquilidad, tendrá que esperar a la siguiente —tras unos 19 días— lo que implica que la cría nacerá tarde. A veces, en las fincas de caza, se llevan a cabo descastes de ciervas que pueden prolongarse hasta la época de berrea. Si esto es así, habrá muchas posibilidades de provocar retrasos en las concepciones y partos tardíos.


Cuando un macho reta a otro por la posesión de un harén o un territorio, se aproxima y ambos intercambian berridos. Tras este intercambio pueden o no pasar a la siguiente fase, que consiste en andar en paralelo de un lado a otro continuando con los berridos; de esta forma evalúan a su adversario y sólo algunas de estas disputas terminarán en luchas, ya que si no pueden berrear más que el contendiente acaban retirándose del combate, evitando así las costosas y arriesgadas peleas. © V. Guisande.

Otro elemento de intranquilidad puede ser la concentración excesiva de animales en lugares en los que se aporta alimento suplementario. Cuando se aporta alimento durante el verano, éste debe mantenerse hasta que aumente la disponibilidad de comida en el campo, lo que suele ocurrir siempre después de la berrea. Este tema merecería mucha más extensión que la que permite este artículo y ha sido ya tratado en otras ocasiones, por lo que simplemente comentaremos aquí que para reducir los efectos negativos se recomienda distribuir el alimento lo máximo posible en el espacio para evitar la concentración de animales.

La biología reproductiva del ciervo está sujeta a gran variedad de factores que se encuentran interrelacionados entre sí y que continúan siendo el tema central de numerosas investigaciones. La berrea proporciona una herramienta muy interesante para evaluar la situación de las poblaciones. Una buena berrea significa también que los procesos naturales de competencia entre machos, y por tanto de selección sexual, siguen actuando. Por ello, la calidad de la berrea es un buen indicador de calidad de la finca, y garantiza la sostenibilidad del aprovechamiento del ciervo como recurso natural.

Jerónimo Torres Porras y Juan Carranza Almansa
Grupo de Biología Evolutiva, Etología y Gestión Cinegética. Universidad de Extremadura

Información extraída y compartida de: www.club-caza.com

BERREA EN EL PIRINEO

Si quieres ver la berrea en el Pirineo, te proponemos las siguientes opciones junto a nuestros guías especialistas para que puedas ver y fotografiar al ciervo en berrea en pleno Pirineo Catalán, en el valle de Aran y el Pallars Sobirá.

Piros Explorer - Tavascán 25577 (Lleida) - Telefono: 692578798  - Contacto: info@pirosexplorer.com 

 

 

Piros Explorer es una agencia de viajes formalmente inscrita en el (RTC) Registre de Turisme de Catalunya con ID:  - 48327926 - G 2Z2ZPTT5J y dispone con la garantía para la realización de viajes combinados y viajes vinculados en cumplimiento a los artículos 252-12 de la Lei 22/2010, de 20 de Julio del código de consumo autonómico pudiendo actuar como agencia de viajes Mayorista y agencia de viajes Minorista.

 

Copyright © 2019-2020